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Torero, tengo miedo torero

Tengo miedo torero.   Estoy seguro que Pedro Lemebel usó sangre en remplazo de tinta, en cada párrafo se notaba su revolución marginal, quería un cielo rojo donde los que nacen con la alita rota puedan volar con libertad.  (…)leer Tengo miedo torero te sumerge en una atmósfera que solo el amor te puede dar, Lemebel era un visionario que usó la literatura como herramienta para materializar su protesta, su yo poético, una brisa constante en narraciones de historias densas que sucedieron en la dictadura de Pinochet. Como alguna vez lo dijo en su entrevista, no pretendía ser escritor, su obra se encontró en pedazos de papeles dispersos en su mesa, algunos con manchas de rubor y no consideraba que era algo con valor literario, era su loco afán de escribir. Ya con el tiempo descubrió que él escribía crónicas. No obstante, leer Tengo miedo torero te sumerge en una atmósfera que solo el amor te puede dar, Lemebel era un visionario que usó la literatura como herramienta para materializar su protesta, su yo poético, una brisa constante en narraciones de historias densas que sucedieron en la dictadura de Pinochet. Pedro Lemebel y Roberto Bolaño eran amigos, hay una entrevista que se la consideró perdida por varios años y que sucedió en 1998, se encuentra la exquisitez de una buena conversación, hablando incluso del arribismo literario, que muchos usaron para trepar, algo que los dos estaban de acuerdo porque la literatura es un elemento escrito totalmente social. Precisamente la médula de cada una de sus obras tiene un argumento social muy claro, una estructura gramatical que se confunde muchas veces, escribiendo palabras mapuches, luego castizas y así, viceversa. Carlos y la Loca del Frente, siguen el camino de una historia llena de contratiempos emocionales, enfangados en un contexto histórico de la dictadura chilena y del objetivo de ambos. Carlos, un joven guapo que hace uso de sus encantos varoniles para el afecto que tiene la Loca del frente y poder cumplir lo que venía planeando hace mucho tiempo, el atentado contra Pinochet. La Loca del frente, que en sus buenos tiempos fue cabaretera y quien no tiene amigos, sino amores, que canta canciones de Sara Montiel y que se ha quedado en el tiempo juntas con la casa que habita, lugar donde Carlos complota contra el sistema. Pedro, desde su óptica de narrador, abarca el tema de la homosexualidad unida a los afectos, una forma muy propia y original de hacer política desde sus cuerpos, ya que en 1988 junto a su compañero Francisco Casas, formaron un colectivo para protestar haciendo intervenciones artísticas (en el fondo completamente políticas) y la más famosa fue acaso Las yeguas del Apocalipsis utilizando el cuerpo como estrategia política de resistencia. En tengo miedo torero no son indiferentes al amor, el miedo, la pobreza, la protesta, el prejuicio y la tolerancia y se capta la esencia de la doble interpretación, del juego de palabras, del miedo al torero, que sin embargo termina sucumbiendo al amor del protagonista, el autor deja al aire si el miedo que tiene Loca del frente es a enamorarse o a que el atentado termine por involucrarla, o también que sus vecinas, las chismosas, quienes la conocen como Loca, la llaman por vivir en el frente del edificio derrumbado o si es realmente consciente que es la metáfora perfecta que simboliza la revolución de todo un pueblo y que ella simbólicamente en una protesta hace frente. Con un final abierto, desde mi punto de vista, esta novela con ribetes históricos, debe leerse con la óptica del amor, la diversidad y los cambios, que tanta falta nos hacen.  

LA VIGENCIA ENTRAÑABLE DE MARCO MARTOS

En 1969, Carlos Milla Batres publicó Cuaderno de quejas y contentamientos, el segundo libro de Marco Martos y que le valdría al autor el Premio Nacional de Poesía. Hoy, 51 años después de aquel acontecimiento, Gambirazio Ediciones se complace en presentar la reedición de esta pieza fundamental de la poesía peruana en formato digital.

«sin etiquetas en un mundo al revés», eL NUEVO LIBRO DE FRIEDA HOLLER

La autora resalta virtudes como la autoestima, la confianza y la fe, entre otras, como motores de desarrollo en todo contexto, pero, sobre todo, en situaciones límite como la que hoy nos toca vivir. Esa necesidad de salir adelante, de adaptarse a las circunstancias y echar mano de la adversidad para alcanzar el éxito, son algunos de los tópicos que Frieda Holler aborda en Sin etiquetas en un mundo al revés, demostrando, además, que su estilo cada vez alcanza mayor madurez y se consolida.